He tenido la acertada idea de ver esta última semana de vacaciones el alarmante documental “An inconvenient truth” de Al Gore –próximo a concretar su visita a Chile-, y más allá del excelente despliegue de persuasivos gráficos y tablas que exhibe en su disertación, quiero aplaudir su loable y casi utópica idea de generar en la población mundial –por fin- una VERDADERA conciencia, haciendo énfasis en el gran desastre a corto plazo que el planeta experimentará si es que no entendemos definitivamente que este problema del calentamiento global es una realidad absolutamente indiscutible, que ha sido investigado con un trabajo científico de primer nivel, y cuya solución recae exclusivamente en una ética postura de aquellos deleznables individuos que sólo pretenden generar más utilidades en sus empresas, en detrimento del sinnúmero de irreversibles problemas medioambientales, sociales, demográficos, e irónicamente, económicos, que estas causan y causarán en las próximas décadas si siguen operando bajo el mismo patrón. Es en este punto en que el largo trabajo de Gore supera a muchos que analizan el tema, al traspasar el límite del asunto ecológico propiamente tal, abordando de esta manera un par de puntos y consecuencias que no muchos estudios habían sintetizado tan bien: El cálculo anual de las temperaturas del planeta hace 650.000 años, la pérdida de ciudades importantísimas, la tremenda crisis migratoria humana, y por sobre todo, el terremoto en la economía mundial. Adoptar y planificar medidas financieras que reducirán las ganancias algunos años, pero que sin duda serán fructíferas al largo plazo, parece ser la mejor alternativa para que los gigantes industriales, la vida humana, y la estabilidad biológica de nuestro sistema ecológico no se vea tan rotundamente afectada, aunque algunos escépticos todavía no lo quieran aceptar.
Abordar las implicancias políticas del asunto es un aspecto que radica en un largo debate, sobre todo por los distintos intereses que cada país y/o región del globo posee. Por su parte, el estu
dio en cuestión critica –al igual que el 99,9 % de los humanos- la inmoral postura que han adoptado EE.UU. y Australia al no ratificar el Tratado de Kyoto. Aunque el matiz del documental no es precisamente el político, se entrevé bastante el pensamiento de Gore relacionado con la reprochable postura del gobierno estadounidense y el país australiano al no ratificar el importantísimo Tratado de Kyoto que define una pauta de trabajo para disminuir las emisiones de gases invernadero en un plazo estipulado. No es muy difícil colegir la verdadera causa de esta posición política. ¿O sí?
En definitiva, este es un documental que los futuros profesionales no debemos dejar de ver una y otra vez, para comenzar a familiarizarnos con un desarrollo quizás más lento, pero de todas maneras, mucho más sustentable.